miércoles, 9 de abril de 2014

Prefacio


Lánguida como me encontraba, fue difícil subir las escaleras que faltaban para lograr tomar el teléfono. Un móvil no era lo mío, así que como las viejitas anticuadas, aun si gozaba de un buen empleo en Ciudad Capital, prefería poseer un teléfono fijo en el centro de mi apartamento.

Pasé entre el desorden de cojines de la noche anterior y lo tomé. Tras el típico <<aló>> se asomó una voz conocida para mí, que aunque siempre había sido como el bramido de un ogro, esa vez sonaba más ronca y arrastrada.

--Tía Ruth- mascullé al oírla balbucear algo inentendible

--¿Evelyn? ¿Si eres tú, Evelyn?- fruncí el ceño al oír el nuevo chillido y como se apartaba del teléfono para sorber por la nariz. –Debes regresar cuanto antes, ¿es que no te lo habían dicho?

No me culpen por no haber deducido que se trataba de algo así. Mi tía siempre había sido una auténtica manipuladora, y persistentemente se opuso a que fuese a estudiar totalmente sola a la Capital. Por esa misma razón dudé antes de preguntar a qué se refería; incluso me rasqué la cabeza en un gesto de fastidio, y me dejé caer entre el desorden de fieltro y goma espuma.

--¿Sigues ahí, muchacha?-

--¡Sí, sí, sí! ¿Qué no me han dicho? No he recibido más que los correos de siempre. Exámenes varios sobre la… condición de mamá.

-- … este Jonathan es un…- murmurando se alejó de nuevo del teléfono, no pude saber qué más susurraba. Claro que comencé a preocuparme. Demasiado.

--¿Algo malo ha sucedido? ¿Mi madre necesita más dinero? Si es eso, no hay problema, no tendré mucho pero sí lo que sería necesario. ¿Cuánto es lo que necesita?

--Alba no creo que necesite nada… no, ¿podría necesitar algo más?... Claro que no-

Había vuelto al teléfono soltando ese mordaz comentario, con aquel tono de voz que me heló la sangre. Abrí mis ojos cual platos, y tras el temblor de mi mandíbula, de nuevo la sensación de cansancio me alcanzó. Pensé lo peor, lo presentí, lo corroboré. Era la mala noticia que nunca creí que escucharía.

--¿Q-qué estás…?- tartamudeé, exigí mentalmente saber exactamente lo que sucedía, pero ella había sido clara.


Mi madre ya no estaba entre los vivos.

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