Lánguida como me
encontraba, fue difícil subir las escaleras que faltaban para lograr tomar el
teléfono. Un móvil no era lo mío, así que como las viejitas anticuadas, aun si
gozaba de un buen empleo en Ciudad Capital, prefería poseer un teléfono fijo en
el centro de mi apartamento.
Pasé entre el
desorden de cojines de la noche anterior y lo tomé. Tras el típico
<<aló>> se asomó una voz conocida para mí, que aunque siempre había
sido como el bramido de un ogro, esa vez sonaba más ronca y arrastrada.
--Tía Ruth-
mascullé al oírla balbucear algo inentendible
--¿Evelyn? ¿Si eres tú, Evelyn?-
fruncí el ceño al oír el nuevo chillido y como se apartaba del teléfono para
sorber por la nariz. –Debes regresar
cuanto antes, ¿es que no te lo habían dicho?
No me culpen por no
haber deducido que se trataba de algo así. Mi tía siempre había sido una
auténtica manipuladora, y persistentemente se opuso a que fuese a estudiar
totalmente sola a la Capital. Por esa misma razón dudé antes de preguntar a qué
se refería; incluso me rasqué la cabeza en un gesto de fastidio, y me dejé caer
entre el desorden de fieltro y goma espuma.
--¿Sigues ahí, muchacha?-
--¡Sí, sí, sí! ¿Qué
no me han dicho? No he recibido más que los correos de siempre. Exámenes varios
sobre la… condición de mamá.
-- … este Jonathan es un…- murmurando se
alejó de nuevo del teléfono, no pude saber qué más susurraba. Claro que comencé
a preocuparme. Demasiado.
--¿Algo malo ha
sucedido? ¿Mi madre necesita más dinero? Si es eso, no hay problema, no tendré
mucho pero sí lo que sería necesario. ¿Cuánto es lo que necesita?
--Alba no creo que necesite nada… no, ¿podría
necesitar algo más?... Claro que no-
Había vuelto al
teléfono soltando ese mordaz comentario, con aquel tono de voz que me heló la
sangre. Abrí mis ojos cual platos, y tras el temblor de mi mandíbula, de nuevo
la sensación de cansancio me alcanzó. Pensé lo peor, lo presentí, lo corroboré.
Era la mala noticia que nunca creí que escucharía.
--¿Q-qué estás…?-
tartamudeé, exigí mentalmente saber exactamente lo que sucedía, pero ella había
sido clara.
Mi madre ya no
estaba entre los vivos.
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